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SALVADOR ALLENDE, Patricio Guzmán (2004)Salvador Allende, Patricio Guzmán.
Es complicado analizar cualquiera película que tenga relación con el presidente Allende, la Unidad Popular o el golpe de estado. Esa es mi primera sensación antes de escribir mi opinión sobre esta película. Claro, porque todos esos temas son tan profundos que es fácil dejar de lado el análisis fílmico y quedarse analizando todo el rato la política de esos tiempos.
Entonces, antes que todo, diré que cada vez que observo material de la época, que leo más libros históricos o, directamente, escucho sus discursos (notables) como el que hizo en la gran logia masónica o su despedida a través de la radio Magallanes, admiro más a Allende. Que ya en mi mente no queda nada de esa imagen de presidente charlatán que intentaron inculcarme unos cuantos miembros de mi familia, madres y padres de mis amigos, los tres colegios en los que estudié, 60 Minutos o las cadenas nacionales obligatorias de la dinacos. Ya en ese tiempo lo único que lograron fue crear una gran curiosidad por saber quién era ese señor de anteojos, además de una tremenda habilidad, como la mayoría de los jóvenes de la época, para comprender que la verdad era lo opuesto a lo que nos decían. Sin embargo, tal como hoy soy capaz de criticar (sin ataduras de ningún tipo) a los políticos por quien he votado, partiendo por el propio Ricardo Lagos, puedo decir que la figura de Allende está lejos de ser algo por lo que profese admiración religiosa o fanática.
En plena libertad entonces, digo que lo que más me dejó esta película es la apertura a la autocrítica. Es difícil enfrentarse a una cinta en la que el realizador te plantea de su boca que “Salvador Allende marcó mi vida”, con ese tono de admiración, hasta de amor diría yo, con la que Patricio Guzmán se expresa de Allende. Con ese inicio temí lo peor: ¡otra película de fanatismo más!... bueno, casi. Pero no. Me sorprendió esa apertura a un tema tan tabú entre los socialistas, como es la crítica que un gran sector que lo apoyó le hace a Allende. Y no dejan de tener razón. Una gran revolución como la que se planteaba, no iba a llegar a ninguna parte si el pueblo no estaba armado. ¡Vía democrática o vía armada! El charlatán, como lo llamaban Pinochet y Merino, quería la vía democrática. Está grabado, no pueden decir lo contrario. Hasta ahora se destaca que el gobierno de Allende es la primera apuesta socialista que llegó al poder con el voto popular, y que se ceñiría al estado de derecho, pero su oposición, la que no tenía el poder político, sí tenía el poder económico, las alianzas estratégicas, las familias poderosas y la amistad del tío Sam. Si querían cambiar eso, debieron pelear con fuerzas similares a las que se usaron para sacarlos de La Moneda. Pero el presidente no quería una guerra civil. Escucharlo decir eso es emocionante.
El tipo hablaba como lo dioses, pero no bastaba con sus discursos. Estaba solo. Pero estaba solo por la propia desorganización de sus partidos y adeptos. No sé si Guzmán se lo propuso de esta manera, pero para mí, este es “el” gran tema de la película. Fue tan traumática la forma en que se quebró nuestra institucionalidad, y tan espantosas las violaciones a los Derechos Humanos y Civiles de los años posteriores, que con el paso de los años la izquierda vivió pidiendo gestos a los militares y a los civiles que los apoyaron, pero ni una palabra de autocrítica que saliera de cuatro paredes. En la película Guzmán reunió a un grupo de adherentes a la UP que, alrededor de una mesa, cigarrillos y copete (como nacen las grandes ideas), discuten estos puntos de vista con respeto, pasión y altura de miras. “La política no debe inclinarse ante lo imposible”, sentencian. Elocuente.
Todo lo demás que muestra el documental es un recorrido por la vida de un personaje que el realizador admira mucho, demasiado, al punto de transformarse en muchos pasajes en un mero homenaje. Fílmicamente hablando, el documental es débil. Es una yuxtaposición de secuencias bien planeadas, dentro de un guión bien estructurado, pero con escaso aporte visual. Un documental es una película, no hay que olvidar eso, y debe contener una propuesta que nos sorprenda positivamente. Las imágenes de época en blanco y negro son hermosas por sí mismas (el gran de aporte de “La batalla de Chile” es ese, el aporte documental fílmico), pero no bastan para sustentar 100 minutos de película, como en este caso. Y ahí es donde me aburro un poco. Todo lo que fue filmado especialmente para la ocasión, produce la sensación de estar viendo un documental realizado en los ochenta, editado en 3/4 (cintas de video profesional de la época). Por favor, no hablo de incluir pirotecnia, pero sí de evolucionar con las oportunidades que los cambios tecnológicos o las nuevas tendencias narrativas nos puedan aportar. En el paso de las imágenes del tren que recorrió el sur del país cuando Allende era candidato, a las imágenes a color del tren en la actualidad, existe por lo menos un acercamiento poético. Pero es muy poco para un largometraje.
Sin embargo, hay momentos destacables, como el testimonio de la concejala Claudina Núñez y su mensaje a las nuevas generaciones, o la opción por el silencio en la secuencia del bombardeo a La Moneda (recordé la utilización del negro en “Fahrenheit 9/11” de Michael Moore, cuando se muestran los ataques a Nueva York sin imágenes, sólo con sonidos). El silencio aquí es notable y conmovedor. Como también lo es el grupo de los cuatro allendistas porteños (así llamamos a los habitantes de Valparaíso), siendo su presencia un acierto de contenido y un regalo visual.
Los primeros testimonios corresponden a artistas, un muralista y una pintora, que se insertan forzosamente con el fin de ligar el planteamiento con ese final tan notable que incluye al pintor José Balmes, pero por sobretodo, la intervención del poeta Gonzalo Millán recitando “El río invierte el curso de su corriente. El agua de las cascadas sube. La gente empieza a caminar retrocediendo. (…) Los "rockets" suben hacia los aviones. Allende dispara. Las llamas se apagan. Se saca el casco. La Moneda se reconstituye integra. Su cráneo se recompone. Sale a un balcón. (…) Los cesantes son recontratados. Los obreros desfilan cantando ¡Venceremos!”
Ver Trailer
por Denis Leyton
[publicado en octubre de 2005]
más información en
Sitio Oficial de Patricio Guzmán
Salvador Allende Blog sobre la película
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