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INCONSCIENTES... psicoanalíticamente divertidaInconscientes, dirigida por Joaquín Oristrell, con actuaciones protagónicas de Leonor Watling, Luis Tosar.
Sigmund Freud es uno de los nombres más significativos y revolucionarios del siglo 20 y, más allá de si son científicamente rigurosas o no, yo simpatizo con sus teorías. Es que proponer a una sociedad conservadora que todo lo bueno y lo malo que nos pasa por la mente tiene que ver con el sexo, es simplemente un acto de “rebelión científico-cultural”. Sin ir más lejos, en el arte marcó una importante influencia en lo que sería el movimiento surrealista, con André Breton marcando la pauta con sus escritos y poemas, y Buñuel, Max Ernst, Dalí y Roberto Matta, entre otros, explorando sueños, fantasías y perversiones para llevarlas a la pantalla y las telas. Pero al austriaco aún tiene muchos críticos y detractores, tanto como los tuvo en plena época de su apogeo. Es lo que podemos ver en “Inconscientes”, donde el catalán LEÓN PARDO (Álex Brendemühl), un neuropsiquiatra que tras haber sido su más acérrimo admirador y discípulo, decide que es tiempo ya de darle muerte. Corre el año 1913.
En “Inconscientes”, Joaquín Oristrell escribió junto a Dominic Harare y Teresa Pelegri, un relato lleno de comedia, una comedia muy española, pero también cargado de inteligencia. Esta es su quinta película como director (lleva siete), aunque este animal de cine es conocido preferentemente como guionista, con títulos tales como “¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo?”; “Entre las piernas”; “Orquesta Club Virginia” (gracias a la que enamoré de Emma Suárez... luego lo haría de Silvia Abascal); y una gran cantidad de series para la televisión española.
Psicoanalicemos la película.
Partamos por la esposa del doctor Pardo, ALMA (Leonor Watling), una chica de buen pasar, hija de doctor y una entusiasta seguidora de Freud y de Marx, además de promotora de la instauración de La República por sobre la Monarquía y el catolicismo (“tranquilo porque en un futuro cercano no habrá ricos ni pobres y seremos todos iguales”). Alma, que está pronto a dar a luz a su primer hijo, es definitivamente una mujer rupturista, que se pasea sin provocaciones al interior de los vestidores de hombres, con ideas y actitudes avanzadas para su época, lo que la hace más atractiva aún. Su padre es el connotado DOCTOR MIRA (Juanjo Puigcorbé) y su hermana es la reprimida y celosa enfermiza OLIVIA (Núria Prims), quien está casada con el formal SALVADOR (Luis Tosar), también psiquiatra y amigo de León Pardo, el esposo de Alma, quien a su vez es patrón de la SEÑORA MINGARRO (Mercedes Sampietro), un ama de llaves con tendencia a empinar el codo.
El guión, de forma muy divertida, se sustenta sobre dos pilares fundamentales: la investigación estilo Sherlock Holmes, y las teorías psicoanalíticas. Una gráfica que alude a la época del cine mudo, emula a la vez la tapa de un libro donde se titulan distintos casos que son demostrados a medida que avanza la narración. “En busca del marido perdido” marca el inicio de la investigación. Alma acude donde su cuñado Salvador para pedirle ayuda. Su esposo ha abandonado en extrañas circunstancias la casa, por lo que es imperativo encontrarle. Aquí se alude constantemente al duelo por la muerte del padre, con una esposa que ha quedado desamparada y una ironía a la teoría, con el Dr. Mira anunciando a sus hijas que morirá dentro de seis meses. En este cuadro Alma elige a su socio de investigación, su cuñado, evidenciándose las primeras demostraciones de tensión sexual entre ambos, incrementados con la curiosidad que despierta la confesión de su hermana: el enorme tamaño del miembro de Salvador.
En “La mujer histérica. 4 casos”, la investigación sale a terreno. Salvador acepta acompañar a Alma a regañadientes, entregándole el título de Sherlock Holmes a ella, que es la que teoriza y decide los cursos de la pesquisa, valiéndose de la Tesis de su esposo para seguir la huella de su paradero. Es el inicio del segundo acto de la película, con Salvador introduciéndose en plenas fauces de una mafia productora de pornografía a pedido, sitio donde es confundido con actor. La tesis de su esposo está construida sobre la base de cuatro casos de mujeres histéricas, las que empiezan a ser buscadas por el dúo investigador. TÓRTOLA (Ana Rayo) es la primera, una bailarina con manía persecutoria que supuestamente es amante del Rey de España (en esa época el rey era Alfonso XIII, cuya salida del trono en 1931 dio inicio a la Segunda República, durante la cual se produjo la Guerra Civil Española. Luego vendría la tristemente célebre dictadura de Franco).
El cuadro “Neurosis Obsesiva” comienza con las consecuencias de un absurdo sumamente bien logrado: una hipnosis invertida. Alma desea descubrir en su subconsciente el rostro de alguien que salía de su casa el día que su esposo se fue, por lo que le pide a Salvador que la hipnotice. Sin embargo, el resultado resulta ser al revés.
A tal punto queda hipnotizado el psiquiatra, que le confiesa su amor a su cuñada. Luego, tras escaparse, se enfrenta a su esposa reprimida y a su suegro por no darle el cargo que éste dejará en el hospital cuando muera. Salvador, siempre cauto, libera su represión y sus emociones contenidas, sin embargo, un par de aplausos de Carlitos, el mozo, lo despiertan del trance. Es despedido del trabajo y de la casa. Aquí se aprecia en todo su esplendor el éxito del concepto “dúo investigador” en la construcción de personajes: sus contrastes. Salvador es todo lo opuesto a Alma, es tradicional en su forma de ser y tradicional en su ciencia. Mientras Alma se aviva con las teorías de Freud por ser rupturitas, Salvador las encuentra absurdas y alejadas de la realidad (“los sentimientos son un desorden endocrino que no padezco”).
Aquí es donde entra PASTORA (con una Cristina Solano magistral), una amante de las historias de las hermanas Bronté (“lo que se escribe con el coño nadie lo iguala”), que ha sido internada por su esposo en el sanatorio de enfermos mentales, diagnosticada falsamente de estar loca. Se sincera con Alma y le explica los motivos reales de su encierro, claro que con una perfecta dosis de ironía (“descubrí que me había sido infiel desde antes de casarnos, entonces, como buena española, yo me volví una perra celosa”). Así se entera Alma de que León era un loquero corrupto que encerró a la mujer por petición de su esposo. El niño que espera Alma nace y la tensión entre nuestros protagonistas es máxima.
El siguiente cuadro es “La envidia de pene”. En la tesis de León se describe el caso de la Señora Ducati, una mujer que narcotiza a su esposo en las noches gracias al laudano que le proporcionaba el propio facultativo. Ella envidiaba el prestigio, la seguridad y, por supuesto, el tamaño del pene de su marido, su símbolo de grandeza. El relato nos lleva entonces a la fiesta de los martes adonde la Sra. Ducati asiste habitualmente mientras su pareja duerme su sueño de opio. Allí Alma y Salvador se sumergen en un submundo de gente adinerada con doble vida que han creado un espacio para la liberación de las represiones, donde los hombres se visten como mujeres y las chicas de caballeros. Es el espacio para la experimentación y la liberación sexual. Por supuesto, la verdadera identidad de la Sra. Ducati y una revelación de bisexualidad, impacta y afecta directamente a nuestros dos héroes.
El último cuadro es “Tótem y Tabú”, que da inicio al tercer acto y desenlace de la historia. Alma no quiere seguir buscando a León. Es más, quiere estar con su cuñado e irse con él al nuevo mundo, a Buenos Aires, para hacer una nueva vida juntos. Sin embargo, la lectura del psiquiatra es distinta y por primera vez la investigación se divide. Salvador, como investigador solitario, sigue a la Señora Mingarro hasta el burdel que regenta el Rey. Allí obtiene más revelaciones y las respuestas finales a la identidad de las cuatro mujeres histéricas y la relación de ellas con su terapeuta, el esposo de Alma. Pero claro, también nos enteramos de las verdaderas razones de León para querer asesinar a FREUD (Walter Kraye), el que se encuentra dando una charla al Círculo de Amigos de la Psiquiatría en el Hotel Gran Vía, con una Alma al borde del éxtasis desde que se topa con él en el pasillo y se saludan con unos susurrados guten abend, y mientras traduce las palabras de la eminencia a los asistentes, tal como lo hiciera dos semanas atrás con un olvidadizo psiquiatra y neurólogo bávaro de nombre Alois Alzheimer. Genial.
Con un desenlace shakesperiano, “Inconscientes” se transforma en una de las comedias cinematográficas más inteligentes y bien construidas que he visto en los últimos años. Si no sabes nada de Psicoanálisis, te ríes e incluso aprendes algo. Y si sabes, te ríes también. Joaquín Oristrell demuestra que con un guión bien estructurado y personajes bien trabajados en el papel, se logran los mejores resultados en el cine. Además, y junto con reconocer la banda musical de SERGIO MOURE, esta película es un goce de la representación, gracias a un cuerpo de actores que crearon unos personajes redondos y especiales, tan españoles, tan divertidos. Watling con su hipo y sus parálisis histéricas de pierna; Tosar con su boxeo y su bigote impresionante; Sampietro tomando hasta el perfume. Súper.
Fran, inconscientemente lo volviste a hacer.
por Denis Leyton
más información en
"Insconscientes" en Tornasol Films
Leonor Watling en 12 Segundos de Oscuridad (Jorge Drexler)
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