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La historia del CAMELLO QUE LLORA (Mongolia/Alemania - 2003)"La historia del camello que llora": Tras los pasos de "Nanook, el esquimal".
Todos los comentarios que se hicieron sobre esta película, y la propia influencia reconocida por sus realizadores, hicieron alcance a una obra maestra del séptimo arte: "Nanook, el esquimal (Nanook of the north, EU 1922)", del antropólogo, explorador, cartógrafo y documentalista Robert J. Flaherty. Este filme mudo relata la vida de un esquimal en su máxima expresión cotidiana: esposa, niños, iglú, trineo, perros. Y por supuesto las similitudes con "La historia del camello que llora" son evidentes, pero en ningún caso de manera negativa. Se trata del más espectacular homenaje que BYAMBASUREN DAVAA y LUIGI FALORNI (co-directores) pudieron hacer del hasta ahora considerado el mejor documental de todos los tiempos, el de Flaherty. La bahía Hudson, inhóspita y fría donde habitan los esquimales, tiene su símil en el Desierto de Gobi en Mongolia; los perros que tiran de los trineos, en los camellos; la familia de Nanook y su iglú, en la familia de mongoles y sus yerts (típicas casas-habitación parecidas a una carpa gitana); o la impresión de Nanook cuando escucha por primera vez un gramófono (vitrola), en la cara de fascinación del niño Ugna cuando ve televisión (tener un televisor se transformará en su máxima motivación). Sin embargo, estos símiles no son más fuertes que lo que ambas obras resaltan mágicamente: su producción. Y no me refiero a una intervención extradiegética burda, con micrófonos que se ven o la presencia de los realizadores en el cuadro. No. El "Docu-ficción" nos enseña aquí lo hermoso del oficio de hacer cine. Todo el tiempo estás viendo una historia, un desarrollo de conflictos... una trama. Sin embargo, todo es real. Bueno, casi todo.
Byambasuren Davaa (en la foto de la izquierda con el brazo en alto) es nacida en Ulán Bator, la capital de Mongolia, y durante mucho tiempo tuvo en mente la realización de una historia que le contaron acerca de tribus nómades, como las de la película, que utilizaban un ritual musical para curar el desapego entre algunas mamás-camellos y sus crías. El film pudo ver la luz gracias al empuje de su compañero de curso en la Escuela de Cine de München, el italiano Luigi Falorni (operando la cámara en la foto), que se convirtió en su co-director. Ambos fueron al Desierto de Gobi en busca de una familia real, de no-actores, de personas que hicieran de su cotidianeidad las acciones de las escenas. Los realizadores dirigieron a los no-actores en cuanto a dar "pies forzados" que dieran continuidad dramática a la historia, pero logrando que ellos siguieran haciendo su vida: La abuela sigue preparando la comida como siempre, la madre cuida a sus hijos y los hombres cuidan a los animales, sólo que ahora lo hacen con una cámara al frente y un pequeño grupo de extranjeros tras ella. Hay momentos memorables en que la realidad del momento, como el nacimiento del camello, se mezcla con el guión propuesto. Quizás muchas veces los no-actores sólo creían que eran filmados "documentalmente", pero la capacidad de los realizadores harían de esos momentos, una escena a la hora del montaje.
Otro punto alto es la capacidad de mostrarnos no sólo la vida cotidiana de los clanes mongoles, sino que también, todos los conflictos y dificultades que atraviesan las costumbres ancestrales ante la competencia occidental, las que se aprecian en la contínua tentación que la televisión y los productos de consumo ejercen en los niños. La sala rió de buena gana cuando los padres le preguntan a su hijo menor, que venía del pueblo donde pudo ver toda esta "tentación", cómo jugaban los niños. El pequeño, cual mimo, coloca las manos en posición de nintendo y dice: "Así". Y empieza a pulsar botones imaginarios. "La historia del camello que llora" es, entonces, una "excusa" para mostrarnos esta fotografía antropológica. Un llamado de atención.
Finalmente, unas palabras para la música. En la foto de la izquierda se ve al PROFESOR y su Matouqin o Morinhor (cabeza de caballo), un violín mongol que se toca con arco y tiene sólo dos cuerdas, además de una cabeza de caballo tallada sobre el clavijero, según ordena la leyenda que creó el instrumento. No deseo contar la película entera, pero es importante señalar que el tercer acto, que comienza con la llegada del "Doctor-Profesor de Música", es una unión de secuencias delicadas, melancólicas (la voz de la mujer y la canción son definitivamente bellas) y con un dejo de alegría y positivismo. Cuando se cuentan historias de animales, en dibujos animados o en el teatro, se humanizan sus acciones y sentimientos. En el fondo, nos están contando una historia de humanos caracterizada por animales. Aquí quizás la cosa es igual, hasta que comprendemos que para la tribu sus camellos forman parte de la familia, y eso terminamos por saberlo en esta parte final del film. Comprendemos que las lágrimas y el llanto que veníamos oyendo de BOTOK, el bebé-camello, son los de un hermano más.
"En el desierto todo es tranquilidad, no oyes nada más que el viento. Tal vez por eso la gente y los animales tienen un sentido del oído tan desarrollado. Creo que los camellos sienten la música en sus corazones".
(Byambasuren Davaa)
por Denis Leyton
[publicado en septiembre de 2005]
más información en
"Die Geschichte vom weinenden Kamel" en H F F
"The Story of the Weeping Camel" en National Gepgraphic
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